lunes, 1 de agosto de 2011

veinte poemas para ser leídos en un transporte público privatizado - 2000











veinte poemas
para ser leídos en un transporte público privatizado









Basta que alguien me piense
para ser un recuerdo.

Oliverio Girondo









1




lejana de elogios
la noche se derrumba

el día aparece

un borde del mundo
se hace presente

súbitamente
una nueva intemperie

viejas sábanas
el paisaje
habla geografías

un sol de relojería
nos hace maldecir









2




el sueño te había desnudado en su abismo de plumas
en vientre de jilguero y retroceso de infancias
las sábanas son un sudor de luna
el espejo hace un resumen perverso
tu cabeza vacía en el extremo de una pica
y estás harto y los genitales se cubren de moscas
y es ese hilo que se tensa hasta enmudecer
arrastrando el corazón de todos los deudos del mundo
salís a lidiar con las arpías por tu alimento
y un suspiro de polen sale de tu vegetación sombría









3




el sol deja su muelle infinito
suelta amarras su navío antiguo

en alba su muro que incendia los árboles

y las posesiones de las sombras
para los pájaros
y esa algarabía hace del aire un carrusel
un cántaro
todo un mercado de luz

es otro día de sol
para la calle y sus cencerros
música vestida de amarillo
para el gris de nuestros pasos









4




el árbol en su agonía de frutos
tristeza de monoblock de departamentos
algo de esperanza en las calles
no somos libres y hay que pagar por ello
el perro muerto a un lado de la acera
nos da un cachetazo de suburbio
nos contemplamos fugitivos del sueño
empezamos a morir esta vida a medias
nadie cruza la dureza del reloj y del grito
la casa de los vientos agolpa la sangre en el ala este
algo de esperanza pero muy poca
nadie vendrá por el perro
en sus entrañas de primavera moscas de piedra
se secará y echará raíces
los puños se abren de respuestas blandas
nadie vendrá por nosotros
la esperanza busca cobijo bajo perro nauseabundo









5




el cielo es ahora
una voz rosada
urdimbre de luz
que dejó de desangrarse

un medio de transporte
venda nuestros ojos
de pobres humanidades

el destino
tiene ese capricho
de no poder hacérsele









6




ya no nos conmueve
la infidelidad de la vida

un niño extendiendo
una mano anciana

los pechos frágiles
amamantando el llanto

los acogió un cemento frío

suelen ser abandonos del aire

el tipo que hace de su muñón
unas monedas

la quietud del ciego
que en su lata pide un poco de luz

innumerables abandonos
tanta orfandad de los sueños
lograron la invisibilidad
para no perturbar las conciencias









7




animal casi invisible
esa desnudez de la obediencia

apenas membranas los labios
tiemblan sus murmullos mundanos

bajo lo cóncavo del polvo
subsiste un fervor de laderas









8




una calma de follaje nos invade y es tan breve. el verdor de los plátanos se recuesta sobre las vías. entre el viento que toma velocidades de deseo. un andén que se prolonga en espera y fastidio. algunos recuerdos con rostros y nombres casi ajenos a mezclarse con el aire. en las vías oscuros gorriones tallados de los durmientes apuran unos mendrugos. la gente se amontona y otea su tardanza. le piden a dios que el tren llegue pronto. pero ese pedido tampoco es escuchado.









9




recorrido urbano

suena la sirena
y nadie
corre a los refugios

caminan
hacia el pan
sin la piedad
necesaria

un latido de tormenta
se amansa
en la sangre
extraviada









10




los párpados recuperan
sombras y colores

amor y soportar
de modo que los días

caen pasos que no pueden negarse

el cuerpo se aleja a tiro
de cadáver y sus artes

paz de los hijos del sueño

despierto y callado al viejo amor
lo destierran leyes nocturnas

curiosa vigilia de gratitud
e interrogaciones

de modo que el resentimiento









11




nos engendró un ojo cómplice
y una flor marchita
en la noche arañazo de la magia
en el día su revés de velamen

viejos molinos insistieron sus vientos
de esos granos fue el pan negado
oye el hueso sus reclamos
hasta arrastrarnos al absurdo

fuimos engendrados
en el abandono de las lluvias
paso del resplandor
a la memoria









12




bajo los viejos puentes
los hombres hablan solos
ya no hablan con otros hombres
pronto callarán

un cielo sin anzuelo
silba su canción de óxido









13




hoy cumplo 1000 años
tan cansancio de mis huesos

tengo más años que mi bisabuelo pedro
que solía cargarme en su falda de navío encallado

y del bisabuelo de su bisabuelo y sus ancestros
que llegaron hasta mí con manos callosas
a unírseme en la carencia

traigo el cansancio de mis mayores
de cada uno y de todos
que no se quejaron por ello

el cansancio de sus miembros de labranza
y esa prolongación de vísperas y desengaños
y mañanas enfurecidos

tengo todos sus años
soy cada uno de ellos y su cansancio
y es tanto sumado al mío
que temo decepcionarlos

esa herencia con ríos de sudor
y el peso del hambre
y las cosechas perdidas
y la mortandad de sus bestias
y la sangre de las guerras que no comprendieron

y

el dolor por sus muertos
y por sus vidas









14




melodías de rocío
en el rojo de los árboles

el tren atropella
con su tabla de náufrago

el verde de las ventanillas
se extiende como un insulto

cierro los ojos para tocarme

el horizonte se repliega
en su mástil tallado

arrojo una moneda
para ver si debo dejar
de brincar por los techos









15




se detuvo el invierno
en su suburbio de pedernal

para que yo deje de pensar
en el despropósito de mis zapatos
y mis gafas

en la acometida de sus labios de pájaros muertos

y los míseros maderos del barco que espero

en los días en que los muertos
no quisieron irse de la luz pobre

en las noches que se hunden en mi carne

dejó el invierno un instante repetido
cómplice de la pobreza

y el pensamiento devorador me libera
para que renazca como un cadáver agradecido









16




llueve de mi niñez del interior de las hojas
y hace un puerto de mi acera y de mi alma

la misma lluvia horizontal que susurra en sueños
por el borde de los techos su voz toma un atajo en el tiempo

no hay mirada para ver su prisa resbaladiza
parece una muchacha en su danza de cántaro

su cuerpo fermentado en nubes devotas
tiene algo de mujer en su adiós repentino

su caída se resuelve en desnudos y exasperaciones
como si el mar se hubiese desangrado en besos

el vuelo de su canto se mezcla con nora que también es del aire
para delinear sus senos y algo de sus ojos y de sus hombros de lentitud nómada

desde su reino de caricias se descuelga en lechos
y con su disfraz de dama antigua apura insignificantes oficios terrestres

y como las últimas aves envuelve el latido del día
y a diferencia de ella uno piensa en irse para no regresar









17




asistí a la muerte de mi generación
las tinieblas no fueron para el descanso
con un temblor de occidente y un quebranto de jardín
como mendigos de hierro dibujaron alas en la arena
recibieron dos noches y una guerra desvelada
de los frutales escalofríos y una hoz para el corazón
sin la prudencia del escudo la investidura del vértigo golpeó su sangre
un día se quedaron sin memoria y la lluvia los asfixió
en este extremo del mundo entre el cordero y el abismo
buscaron resquicios donde vaciar sus suertes
fueron de la obediencia y de la morosidad de los números
lo mejor de mi generación pereció en la intemperie y su sentencia
la que no tuvo voz en la recolección de los huesos
acompañados por las campanas se dispararon en las sienes salvas de pájaros
acariciados de catástrofes y despojos de flores la luna les negó su recinto
los invadió un aire sangriento por el ángel que les fue vedado
entre fantasmas y vidrios molidos dios sólo les exhaló un cielo de moribundo









18




la luna danza
en su techo gelatinoso

extiende su voz perlada

su presencia de capiteles
advierte la desolación

se nos tira a bebernos el río

y sólo navega
su palidez de hueso

derramando su maternal leche fosforescente

para invitarnos a beber un poco de amor
y otra poca de muerte









19




nacidos de hombre antorcha
y de las raíces
arrancadas de su memoria húmeda

enantes el en tanto sólo horizonte son éste

ahora una bestia muriente
encuentra de nosotros

en el severo meridiano
de las hembras
en celo

cicatriz de lecho en la mejilla de nácar

cada mano rechazará
un gozo traidor









20




no hay música
en esta transparencia del aire
ni sílabas de flor

andar por la vida
en estos suburbios
no es lo que esperábamos
de estar vivos

a mitad de la noche
hacemos un alto de cordura

estiramos la mano
para que el futuro
nos dé un lengüetazo tibio









Buenos Aires, julio de 2000













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